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VETERANOS ABSTENERSE

(Incluida en el Infomail de Editorial Turística del 05/08/04)

Uno siempre oía hablar del choque generacional y pensaba como en tantos otros temas: “eso les pasa a otros...” y por supuesto, también, como en tantos otros temas, choqué. Por eso ahora, que ya dejé de molestar a mis hijos “para que me conecten a Internet” y cuando voy a un cyber ya no pregunto casi nada, creo que puedo escribir pensando en los jóvenes de hoy, los que ocupan los mismos espacios que eran nuestros, ayer. El motivo es que esta nota, de acuerdo a lo convenido con la redacción, iba a contener un cuento de “Esperanza Ficción”; los veteranos, si me hicieron caso y se abstuvieron, no se enterarán que regresan estos cuentos pero... los jóvenes, si en lugar de estas líneas, estuvieran leyendo alguno, no sabrían de qué se trata y pensarían que estoy más “pirado” que en la realidad...

Hecha la introducción, remontémonos a la mitad de los sesenta...
El Club del Clan, Palito, Nicky Jones y Violeta Rivas; Los Beatles nos cambiaban el peinado, la ropa y el oído; JFK ya había sucumbido; en vez de Irak, el objetivo comenzaba a ser Vietnam y se gestaba el mayo francés. Ni un shopping , ni un cinco estrellas; London París, Angenscheidt, La Madrileña, Aliverti y el inmenso Introzzi.
Europa quedaba a 15 días... el Giulio Césare, el Augustus, el Cabo San Vicente, el Cabo San Roque, el Laennec, el Provence, prevalecían firmemente sobre los aviones a hélice de KLM, Lufthansa, Alitalia, Iberia, Air France, Swissair... los cuales posaban obligatoriamente en Dakar y demoraban treinta y pico de horas en la travesía... Todos esos transatlánticos y todos esos aviones, llegaban y salían desde nuestra capital...


Una mirada nostálgica

Cielmar operaba varios grupos por año a Europa; el Dr. Publio Vadora escribía con una pluma fuente decenas de cartas en papel avión reservando hoteles, autopullmans, restaurantes, guías locales, etc.; las ensobraba y me las daba para llevarlas al correo... Yo era el encargado de abrir la reja en la mañana, prender las estufas a gas, llevar a las compañías cada ficha de datos de cada venta y hacía los “reports” (liquidaciones quincenales a cada compañía en formularios “sábana” con varias copias y muchos carbónicos en máquinas de escribir con carros de un metro)...
Cambié de agencia y me especialicé en “sudamericano”... ahí además de vender, operaba... todos vendíamos. Pedíamos por operadora las llamadas a Mendoza, a Bariloche, a Córdoba, a Foz, a Porto Alegre; nos comunicábamos por télex y otra vez, las máquinas de escribir enormes y los rooming, las listas de pasajeros y... más carbónicos.

El Vapor de la Carrera depositaba los grupos en Buenos Aires y desde allí buses argentinos a todos los destinos; también había itinerarios atravesando el Río Uruguay... no había puentes, se cruzaba en balsa con bus y todo o, en lancha y trasbordo a buses argentinos... Las “comodidades” de los buses eran: asientos reclinables y calefacción (cuando funcionaba); la operación: una aventura, generalmente odiseas...


El Jet y, después... Bill Gates

Europa y el mundo se aproximaron a fuerza de turbinas; los barcos destinados para cruceros; aparecen las mayoristas y Mercedes Sosa nos dice “Cambia, todo cambia...”; muere el telex, nace el DDI, se crea el fax, la telefonía móvil y entra en escena, Bill Gates, con Microsoft bajo el brazo... Comienza el vértigo, la confusión y la locura; al diablo la siesta, la calma chicha y los protagonistas humanos... Vamos, venimos, probamos, tememos, nos temen, ganamos, perdemos, perduramos. Entre todos los zapallos del carro, buscamos acomodarnos; dudamos en usar corbata o jeans y un día amanecemos tomando nota que en vez de mente, llevamos un disco duro... ignoramos cómo vino a parar adentro nuestro pero... comienzan a salir de nuestra boca términos como: arroba, e-mail, banner, check-in, clase viola, clase sara, all inclusive e... “iniciamos y cerramos sesión”... sin solución de continuidad.


La esperanza ficción

Cuando comenzamos a enajenarnos buscando estar acordes con el resto, un día escribimos el primer cuento; ahora, totalmente enajenados, el carro sigue marchando, los zapallos se mueven y a veces nos tapan, los manoteamos, nos bajamos, sacudimos el traje (¿o el jean?) y nos sentamos ante la PC.
Se viene el divague... la próxima nota nos depositará en algún año próximo y soñaremos con una realidad anhelada y ficticia. Si nos siguen, compartirán un poco de nuestra locura pero, seguramente, como sucedió antes, sabrán alguna de las cosas que van a pasar o pueden llegar... mientras tanto, nos seguimos comunicando; los espero en herrerantonio5@hotmail.com , sin horarios ni feriados, no precisan golpear, sólo lleguen... nos vemos.

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