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Los puentes sobre el Río Uruguay... ¿ qué puentes ? PDF Imprimir E-Mail
jueves, 22 de febrero de 2007

por Sergio Antonio Herrera
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Montevideo - 22 FEB 07 - Portal del Uruguay.
La obra vial internacional Puerto Unzué - Fray Bentos fue inaugurada oficialmente el 16 de setiembre de 1976 en una ceremonia que dio origen a la Declaración Conjunta de los Gobiernos de la República Argentina y de la República Oriental del Uruguay que establece oficialmente denominar al puente Puerto Unzué - Fray Bentos con el nombre de puente Libertador General San Martín. El puente quedó habilitado al uso público y, a partir del día siguiente, comenzó a operar bajo el régimen de peaje, de acuerdo con lo establecido en el artículo 12 del Convenio celebrado oportunamente para su construcción.El año anterior había sido ianugurado el Puente General Artigas que une Paysandú - Colón y algún tiempo después, quedaría habilitado el Puente Salto Grande que une ambas naciones de Salto a Concordia, a través de la monumental construcción de la represa y el paso ferrovial.

En el año 1969 viajé como guía ( no se usaba la denominación Tour Conductor), llevando ( para no polemizar) " uno de los primeros" grupos de uruguayos a Villa Carlos Paz. Salimos de Montevideo en un Mercedes Benz 113, de 36 asientos ( los 5 del fondo en línea y sin reclinar ), obviamente, nada de baño ni aire acondicionado, apenas, calefacción, si funcionaba , claro.
Fuimos hasta Fray Bentos; allí nos embarcamos en el Expreso Carapachay ( lancha), cruzamos el Río Uruguay y del otro lado, nos aguardaba otro Mercedes, en este caso, de 37 asientos. Obviamente, la distribución de asientos, como siempre, difería en uno y otro país y allí, ya se armó el primer lío con los pasajeros. Cuando abordamos la unidad argentina y el chofer enfiló hacia la ruta, lo miramos interrogativamente...¿ qué pasa flaco? preguntó y le respondimos ¿ y el otro chofer?...
Canchero, sonriente, nos dijo " el otro sos vos, no me digás que no manejás" Las penurias de esa semana, no están escritas, en ese  viaje, al regreso a Puerto Unzué, aprendimos a cebar mate...había que mantener despierto al conductor.

En 1973, fui el "coordinador" de ocho ómnibus con destino a Asunción y Cataratas. Las lanchas tenían capacidad para transportar el pasaje de dos ómnibus, solamente habían dos; primera demora. Cuando logramos cruzar el río, ubicar los ocho coches argentinos que habrían de transportarnos a destino y partir, pusimos proa a uno de los más desastrosos viajes que hayamos hecho alguna vez.Nunca llegamos a alojarnos a Foz do Iguazú. A la demora del trasbordo en el cruce del Río Uruguay, se le sumó la lluvia en la zona de Cataratas y con ella, la imposibilidad de transitar los caminos de tierra después de El Dorado. Motín a bordo, los ocho coches " secuestrados" por el pasaje, descreído de tal imposibilidad. Comprobación in-situ de las rutas anegadas e intransitables y retorno, vía Ruinas Jesuíticas  de San Ignacio, las cuales visitamos de noche, a luz de linternas, camino a Posadas, adonde arribamos, en plena Semana Santa, con más de trescientos pasajeros sin reserva de hotel ( supuestamente, estaríamos durmiendo en Foz) a medianoche...mujeres a un lado, habitaciones de cuatro, cinco y seis camas...hombres al otro lado, igual distribución. Sobrevivimos, no sin "guapear" , cruce en balsa de Posadas a Asunción, dos jornadas semi-normales en la capital paraguaya ( me tocó ir con mi grupo a un bonito hotel con parque y piscina en la zona de Itá Enramada; la mayoría de las camas eran redondas, las habitaciones tenían espejo en el techo y garages individuales...)y retorno, no con 8, sino con 10 buses; se sumaban ochenta personas que habían realizado un semicrucero remontando el Uruguay...
antes de salir, la frutilla de la torta: nos avisan que para el cruce del Río Uruguay, hacia Fray Bentos, tendríamos disponible una sola lancha, la otra se había roto. Diez buses, veinte choferes argentinos; propina en efectivo para cada uno durante el almuerzo antes de la partida y el ruego: "por favor distanciemos la salida, salimos primeros dos coches, a la hora otros dos y así hasta el final, no se vayan a juntar en  Puerto Unzué, no hay techo, no hay baños, está pronosticado un día de sol agobiante y tenemos una sola lancha", la respuesta no se hizo esperar: " tranquilo flaco, andá tranquilo, está entendido". Junto al otro bus que habíamos designado, llegamos al mediodía siguiente al puerto para embarcar; estaba la lancha; a los cinco minutos, llegaron dos buses más y dos más y dos más. Antes de partir el primer servicio, se juntaron los diez buses; el sol rajaba la tierra y los ánimos comenzaban a caldearse. Los pasajeros de los dos primeros coches estaban a bordo de la Carapachay y hubo que aguzar el ingenio: con planillas en la mano y voz firme le dije a los ocupantes de los ocho buses restantes " que ya venía la otra lancha" y corri hacia el muelle y en el preciso momento que se soltaban las amarras, salté a cubierta y creo, salvé mi vida. Los últimos pasajeros llegaron a Montevideo a la mañana siguiente, ese día que me diagnosticaron gastritis y que presenté mi renuncia indeclinable  en la agencia de nuestra principal avenida.
En esa época, no había puentes y cruzábamos...y así nos iba. Nos vemos.

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