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EL VERDADERO CAMBIO, la gran utopía

Entendemos que en este libro, en este intento por poner encima de la mesa el tratamiento de esta industria sin chimeneas y además… sin conocimiento, no puede faltar la propuesta de por lo menos intentar, al menos discutir, la posibilidad de operar un cambio sustancial en el perfil del producto Uruguay Destino Turístico, un cambio en serio; tan es así, que optamos por proponerlo en este capítulo, separado del correspondiente al perfil sugerido.

No nos cansamos de reiterar que con un enfoque arcaico, basado más en lo que nos regaló la naturaleza que en lo que logramos construir con nuestra mente y con nuestro esfuerzo, “regalando”, no dándole la importancia debida a la mayor parte de nuestro territorio y a tres de las cuatro estaciones del año, ingresaron por ejemplo, en el año 2004, casi dos millones de visitantes y casi quinientos millones de dólares... Insisto, lo que se dice turismo, en serio, real, tangible, es el que se da en la segunda quincena de diciembre, en enero y... algo más y, el mismo se concentra en Punta del Este. Fundamentalmente con ese movimiento solamente, más lo que aporta Montevideo como destino, un poco de Colonia, de Rocha, de la Costa de Oro y poca cosa más, entran divisas por quinientos millones de dólares... ¿Qué pasaría si se lograse duplicar esa cifra? ¿No valdría la pena intentarlo?

Insisto, el petróleo no aparece, el proteccionismo y los subsidios de los países desarrollados nos impiden comerciar. Pero también hay que ser realistas... supongamos que caen los subsidios y desaparece el proteccionismo; que de la noche a la mañana podemos exportar carne sin barreras... ¿cuánto más podemos crecer? Por ejemplo, en lo que va del año, se incrementó casi en un 30% la exportación cárnica y se llegó a un total de casi doscientos millones de dólares... Sigamos suponiendo: de acuerdo a nuestro tamaño y a nuestras posibilidades manufactureras, si aparecen solicitudes “en serio” de los grandes países para la industria textil, del calzado, etc., aún si nos pusiésemos todos a tejer, coser y armar, quizás logramos completar un embarque para alguna ciudad de Europa o suficiente para algún barrio de Tokio…

En cambio, ¿cuál sería el techo para la entrada de turistas?, ¿existe? Entonces... sol y playa tenemos un mes y medio, dos... a lo sumo. ¿Qué más nos queda? Turismo de negocios; rural; caza y pesca; ferias, congresos y convenciones y todo lo que está detallado en el capítulo Perfil. Pero... ¿qué pasaría si aguzamos el ingenio, sacudimos el conservadurismo, nos dejamos influir por la moda, las nuevas (?) costumbres del consumidor internacional contemporáneo y nos animamos a ampliar y modificar sustancialmente el perfil y a abrir posibilidades hasta ahora inexploradas? Hemos reiterado varias veces -en páginas anteriores-, que está demostrado que en el mundo, lo que sobran, son inversores; hay algunos rubros que “están ahí”... ¿vamos por ellos?:

Compras. No sé realmente cómo le impactará esto al Ministro de Economía y, menos al señor “Z” ... pero... ¿no habrá llegado la hora de pensar en zonas libres de impuestos o directamente en un Mercado Libre? Para ello no debemos preocuparnos por el clima, gráficamente... “habría que pegar el grito” y enterar a todo el mundo de la noticia. No hace falta extenderse para explicar lo que generan las compras en el turismo.

Eventos. Pero EVENTOS, con mayúsculas; ya, propongamos un circuito para Fórmula Uno; un estadio para torneos de primer nivel en Tenis; hagamos Ferias importantes; traigamos no sólo a los Rolling Stones; planifiquemos, arriesguemos, con mentalidad empresarial pero con el Estado involucrado. En una plaza sin mucha historia de grandes eventos, de megaespectáculos, es el Estado el que tiene que participar para generar esa actividad, minimizando los riesgos de los empresarios que acompañen la idea.

Cine. No digo que Hollywood... pero podríamos comenzar por convertirnos en una plaza accesible para las realizaciones cinematográficas. Creación de la infraestructura necesaria, reglas impositivas especiales, etc. Acaso, “atando todo con alambre”, como se ha hecho en esta incipiente industria nacional, ¿no se empezaron a ver los resultados? Además, teniendo aquí cerca, en la otra orilla, un cine tan prestigioso como el argentino y mirando al norte, las colosales posibilidades de esa industria en el Brasil, ¿no valdría la pena generar una plaza atractiva para la región? ¿Hará falta que cuantifiquemos las posibilidades de este mercado “no tradicional”?

Educación. ¿Será muy difícil la instalación de importantes colegios, incluso, universidades, en puntos estratégicos como Punta del Este, Rocha, algunas ciudades del litoral y del norte del país? Además de lo que conlleva, directamente -teniendo en cuenta solamente la radicación de estudiantes extranjeros (fundamentalmente regionales)- el movimiento colateral, habría que imaginar también el esporádico, zafral, que pueda generar la visita de familiares o allegados. ¿Y los nuevos puestos de empleo?

Juegos de azar. Otra vez el grafismo... una pequeña Las Vegas... ¿por qué no? Más casinos, seguramente; pero lo esencial es, la apertura de la mente, la de todos. Junto con esta posibilidad vienen adosadas otras: habrá más prostitución, más peligro de narcotráfico y otros problemas comunes a estos centros. Pero pensemos... y la respuesta me viene a lo bruto: el lucro de una actividad como ésta y la recaudación impositiva pueden llegar a generar cifras de tal magnitud que bien podrían utilizarse para establecer planes en serio para salvaguardar la vida y el futuro de nuestra población, la que va a seguir existiendo, la que va a seguir viviendo fuera de los perímetros de estos centros. La diferencia será que podremos financiar más y mejor educación, más y mejor prevención con respecto a las drogas y lo que es más importante: centros de rehabilitación de verdad, los que no existen por estas comarcas para nuestra gente, sobretodo para nuestros jóvenes, núcleo donde se cuenta por miles, también, los explotados en la prostitución.

Fórmula “weekend”. En todo el territorio nacional, incentivar, auspiciar, generar, la costumbre de que el Fin de Semana es especial. Mal o bien, a los habitantes de los centros poblados de las principales ciudades, no hay que explicarles mucho qué es lo que hay y lo que se puede hacer en ese período. La idea va orientada hacia lugares cuya única temporada alta es el verano (casi todo el país). Tomemos como ejemplo la costa. Los empresarios gastronómicos, cada verano deben: endeudarse, apostar y rezar; cuando llega el invierno deben dedicarse a otra cosa hasta que vuelve el calor. Vamos a suponer un plan para Atlántida, típico enclave que en verano “vive” y el resto del año, en el mejor de los casos, subsiste. Desde Diciembre a Marzo funcionan varios restaurantes, locales de comidas rápidas, pubs, discotecas, ferias artesanales y comercio de todo tipo… bastante variado; cuando “llega el último ciclista”, o sea, luego de Semana Santa, cambia sustancialmente el panorama y reina la quietud, la iliquidez, el desempleo. La propuesta es: generar la posibilidad que desde la noche del viernes, hasta la tarde del domingo, todos los fines de semana, durante los ocho meses de lo que hoy por hoy es temporada baja, se produzca un movimiento que en principio, pueda funcionar con turistas nacionales y, atraiga luego, a los extranjeros.

Imaginamos un espacio similar al de un shopping center; locales donde la oferta comercial pueda ser tan variada como en alta temporada; varios escenarios donde se puedan presentar todo tipo de espectáculos: musicales, teatrales, carnavalescos; pista de baile para los distintos estilos y fundamentalmente, una importante plaza de comidas donde se pueda mantener una oferta sugestiva y atractiva para distintos tipos de público.

De esa manera, se daría lugar a la generación de numerosos puestos de trabajo no solamente en Atlántida, también en su área de influencia; la ocupación residencial en la propia localidad y en los balnearios próximos posibilita también una multiplicidad de trabajo en varias áreas. Está claro que durante esos ocho meses, si esta idea se pone en práctica, habrá de lograrse un interesante movimiento, solamente casi dos días por semana; lo que también está claro es que ese aparente magro resultado, puede llegar a generar un lucro al final del período, actualmente inexistente, en lo estrictamente económico y además, aseguraría la continuidad de empresas y con ello, empleo.

Destinos o productos inventados. Hace muchísimos años, el vidente de Villa Carlos Paz, Jaime Press; más adelante en el tiempo, la “Menina Santa”, en una localidad perdida en el mapa de Santa Catarina; un poco más reciente, el “agua de Querétaro”, en México. Son éstos solamente algunos de los muchos ejemplos de destinos o productos inventados que generaron, en algunos casos, verdaderas “invasiones”, en forma de turismo. No vamos a sugerir nada parecido; simplemente, citamos estos casos, tal vez como introducción, para proponer productos que generen turismo. Podemos ir, desde la ecología a la cirugía, desde los récords al gran espectáculo:

- Un parque ecológico. Habría que elegir el punto; seguramente, en nuestro territorio, existen varios entornos con las características adecuadas. Habría que desarrollarlo basándose en las propiedades salientes del lugar, conformar el producto y promocionarlo convenientemente para atraer el turismo ecológico.

- Especialidades médicas. Seguramente se pueda hacer lo mismo con varias disciplinas científicas; como ejemplo, elegimos la cirugía plástica. A pesar que la nuestra, es una plaza tan pequeña, proporcionalmente, en cantidad y en calidad, la oferta profesional es vastísima. Este es un producto para promocionar con ingenio y sutileza, con reportajes en medios especializados, incluyéndolo en la folletería oficial, etc.

- Los récords. Los vemos permanentemente en la televisión; en los más ignotos poblados donde no pasa nada destacable, se elabora por ejemplo una paella monumental… en recipiente gigantesco. En nuestro país podría ser un guiso; el lugar: la cuenca arrocera.

- Las comedias musicales. En varios puntos del continente europeo y en los Estados Unidos, la ópera; en España, la zarzuela; en Broadway, la meca del teatro, el ballet y las comedias, como en Londres, entre otros puntos estratégicos. Además de la decisión y la inversión, no nos falta más nada.
Sobra talento, sobran artistas, sobran escenarios... entonces... guionemos, adaptemos, estructuremos los calendarios, promocionemos y, finalmente, ¡facturemos!


Nada de todo lo que está expresado en este capítulo, es imposible. Algunos de los puntos sugeridos pueden ser más o menos dificultosos de poner en práctica, pero, se puede. El mayor obstáculo es el mismo de siempre: primero debemos pensar; luego, sacudir el estilo conservador; en los casos que sea necesario, buscar los inversores y en los otros, invertir. Finalmente, lo más difícil -a pesar de la creencia que indica lo contrario-: hay que trabajar, en serio.


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